campo de concentración de Auschwitz

Auschwitz, el horror convertido en un museo para la reflexión y la concienciación

Puede que suene raro eso de querer viajar a un destino para visitar un campo de concentración. Sin embargo, ese era mi objetivo principal cuando viajé a Cracovia: visitar el campo de concentración de Auschwitz.

No es morbo ni nada por estilo, es, simplemente, querer aprender y reflexionar. También, quizás, el querer ver con mis propios ojos la realidad más oscura del ser humano.

Mucha gente, amigos y conocidos, que han viajado a Cracovia me decían que preferían no visitar el campo de concentración, pues se iban de vacaciones y no querían pasar un mal trago o sentirse tristes.

Sin embargo, desde mi punto de vista es una visita muy pero que muy recomendable. De hecho, debería ser una visita obligatoria para aquellas personas xenófobas, homófobas e intolerantes en general. Creo que así se conseguiría abrir muchos ojos y aclarar muchas mentes, pues, a veces, hasta que no contemplamos el horror en primera persona no somos conscientes de que debemos luchar y recordar para que jamás se repita.

Un poco eso es lo que se hace en Alemania o Polonia, pues no es raro ver alguna excursión de escolares o adolescentes visitando el campo de concentración. Y, sí, es duro que siendo tan jóvenes vean las atrocidades que allí se cometieron, pero… ¿no es más duro que caiga en el olvido y se repita la historia?

El campo de concentración de Auschwitz, impresiones y sentimientos

Antes de mi visita a Auschwitz ya había visitado otro campo de concentración, el de Sachsenhausen, cerca de Berlín.

Aunque en Sachsenhausen aprendí muchísimo, lo cierto es que el campo de concentración de Auschwitz es el más (tristemente) conocido; y, por ello quería visitarlo.

campo de concentración de Auschwitz

En vez de borrarlo de la faz de la tierra para olvidar todo el dolor que se causó en este lugar, Polonia muy sabiamente decidió convertirlo en un museo y un memorial, un lugar donde honrar y recordar a todos los que allí sufrieron y murieron.

Es un sitio raro, inmenso, silencioso. Uno se siente solo a pesar de estar rodeado.

Los visitantes pululan de un lado a otro cabizbajos y apesadumbrados, pero con ese interés que te lleva a querer explorar cada rincón para seguir aprendiendo.

El museo está repartido por diversos edificios de lo que era el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. En él se pueden observar imágenes de los prisioneros, del campo y la “vida” en el mismo cuando estaba activo, etc. También hay maquetas, mapas y otros elementos interesantes para comprender la magnitud de todo lo que rodeó a Auschwitz.

Numerosos paneles informativos, tanto en los edificios como en las zonas al aire libre, van guiando e informando a los visitantes sobre los hechos históricos, la cronología del campo y las historias de algunos de sus prisioneros.

campo de concentración de Auschwitz

Sin lugar a dudas, lo que más me impresionó fueron las salas en las que se exponen varias vitrinas con lo que los nazis confiscaban a los presos que ingresaban al campo: miles de gafas, maletas, prótesis…

Algunas de esas pertenencias, como las maletas, aún conservan las etiquetas con el nombre y apellido de sus dueños.

Si tienes la capacidad de atravesar esa vitrina y empatizar con los dueños de todas esas cosas, aunque no estén y no los veas, es verdaderamente estremecedor.

Aún más espeluznante es ver los rollos de tela elaborados con cabello humano que, al igual que las pertenencias, los nazis "confiscaban" a todo aquel que entraba en el campo de concentración de Auschwitz para no abandonarlo jamás.​

Horrible, ¿verdad? A pesar de ello, volvería. Es algo que nunca olvidaré y que me hizo sentir muy triste, pero volvería; y, si tú vas a visitar Cracovia, te recomendaría que dedicaras un día a visitar este lugar, porque aunque suene paradójico, merece la pena verlo y, sobre todo, contarlo para que nunca más vuelva a suceder.

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