Cuba

Carta de amor a Cuba

Mi querida Cuba,

Hace años, cuando todavía las responsabilidades de la vida adulta se mostraban borrosas en el horizonte, pisé tu tierra por primera vez.

Ahora recuerdo cuánto me cautivaste y cómo me enamoraste, pero nuestro encuentro fue breve y casi pactado. Como un amor de verano, el paso de los años me hacía recordarte con ternura sin ser capaz de mantener encendida esa llama que habías prendido en mi interior.

Sabía que quería volver a verte, pero ese deseo quedó suspendido en un limbo indefinido que solo los anhelos momentáneos conseguían revivir muy de cuando en cuando.

Los caprichos, coincidencias o casualidades de esta vida quisieron que, de repente, sin tiempo para recordar nuestro anterior encuentro ni espacio para crear nuevas expectativas, nos entrelazáramos de nuevo.

Al igual que en un reencuentro de un amor juvenil y veraniego, ambas partes habían cambiado, haciendo que el primer contacto se convirtiese en una exploración en busca de similitudes y diferencias con el pasado.

Pero donde hubo fuego quedan cenizas y tú, querida Cuba, has sido capaz no solo de reavivar esa antigua llama, sino de cautivarme con más fuerza si cabe.

Con la madurez de haber recorrido multitud de lares desde nuestro primer tropiezo y haber crecido en edad y experiencia, hoy soy capaz de reconocer tus virtudes mejor que nunca.

Mi querida Cuba, eres el país del sol, del amor, de la naturaleza, de los amigos, del son, de la fortaleza, de la alegría…

Eres el destino perfecto para los recién casados, para los que llevan toda una vida juntos, para los que viajan con amigos, en solitario, con la casa a cuestas o junto a la familia.

Si alguien no puede ver, podrá conocerte a través de tu música, que habla de ti, de tus gentes y de tu historia y que está presente en todas partes, casi en cada rincón.

Si alguien no puede oír, siempre podrá deleitarse con tus paisajes, las abundantes sonrisas y esos contrastes que sólo tu albergas.

Si alguien no puede ver ni tampoco oír, aún eres capaz de mostrarte a través del calor de tu gente, su cercanía y su capacidad para acoger a quienes te visitan.

Querida Cuba, hoy estoy más convencida que nunca de que eres algo más que un salmón a contracorriente en el mundo de la política; mucho más que playas caribeñas fruto de tu afortunada localización en esta Tierra; eres infinitamente más especial de lo que muchos piensan.

Sean cuales fueran todos los factores que han ido forjando tu forma de ser, chapó; porque nunca un país fue tan rico con tan poco.

No cambies nunca Cuba, y seguirás robando cientos de miles de corazones. El mío ya es tuyo para siempre.

Atardecer en Cuba
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