centro de vacunación internacional

Mi decepcionante visita al centro de vacunación internacional de Las Palmas

Uno de los aspectos que debe abordar todo viajero que se aventura a visitar países con condiciones sanitarias “complicadas” es la protección y preservación de su salud.

Como siempre digo, sin salud no hay viaje, y por tanto siempre es importante visitar al médico antes de comenzar nuestro viaje.

Para ello existen diversas instituciones especializadas en el asesoramiento y el tratamiento de los viajeros, como son los centros de vacunación internacional.

La función del centro de vacunación internacional

En estos centros podemos obtener nuestra cartilla de vacunación internacional, necesaria para la entrada a muchos países; ponernos las vacunas pertinentes, recibir la prescripción necesaria para profilaxis contra la malaria, obtener información para preparar nuestro botiquín de viaje o resolver dudas concretas, entre otros.

La ventaja de estos centros internacionales o de medicina tropical frente a un médico de cabecera o de familia es que, como ya he dicho, se supone que los primeros están especializados en medicina para el viajero. De ahí asumimos que no habrá lugar más adecuado para recibir la mejor y más completa información y asesoramiento para nuestros viajes.

Sin embargo, y desafortunadamente, esto no siempre es así, y lo sé por experiencia propia.

Mi experiencia en el centro de vacunación internacional de Las Palmas

Aunque ya tenía todas las vacunas obligatorias o indispensables de viajes anteriores, en abril de 2016 acudí al centro de vacunación internacional de mi ciudad, Las Palmas de Gran Canaria, a ponerme la vacuna contra la fiebre amarilla, por si el viaje se alargaba hasta Sudamérica, y a resolver algunas dudas.

Una de las dudas más gordas que tenía era en relación al tratamiento preventivo contra la malaria. En Madagascar lo tomé sin ningún problema durante un mes, pero en este caso el viaje iba a ser bastante más largo y había leído que no es recomendable alargar demasiado el tratamiento. Hablo concretamente del tratamiento con Malarone, ya que la Doxiciclina sí se puede tomar durante periodos más prolongados.

centro de vacunación internacional

El problema es que nuestro viaje tenía mucho sol, playa y aire libre, y uno de los efectos secundarios más problemáticos de la Doxiciclina es la fotosensibilidad. Por tanto, no quería cambiar de antipalúdico.
Si tomaba profilaxis quería que fuese Malarone, que ya anteriormente no me había ocasionado ningún efecto secundario y además no causa fotosensibilidad.

Llegado el día de mi cita médica, me presenté en el centro en cuestión y tras una larga espera en una salita me tocó pasar a consulta.

El médico era bastante joven y muy simpático. Le comenté mi situación: un viaje largo, bastante flexible, los países que visitaría y experiencias anteriores; esperando buenos consejos o recomendaciones.

Como digo, era muy simpático, pero me preguntó más sobre mi proyecto de investigación científica y mi vida en Alemania que por mi futuro viaje; y eso mola, pero no mola.

Sobre todo, dejó de molar cuando me di cuenta de que prácticamente me iba con las mismas dudas que había llegado. A mi preocupación sobre prolongar demasiado la profilaxis para la malaria, básicamente dijo algo como “Buah, da igual. Lo que tu veas”. ¿¡!?

Sinceramente no me quedó nada claro si me podía inflar a Malarone durante tres meses o no, y eso que insistí preguntando, pero él se desviaba del tema.

Sin embargo, lo que verdaderamente me alarmó fue cuando le pregunté qué debía incluir en mi botiquín de viaje, a su criterio. Yo ya sabía qué medicamentos llevaría, pero siempre me gusta preguntar por si me dan alguna recomendación que desconozco o cualquier otra información útil.

El caso es que el médico empezó a enumerar medicamentos que me convendría incluir en mi equipaje, entre ellos, el ibuprofeno. No hubiera pasado nada si, tras recomendarme ese antiinflamatorio, me hubiese advertido sobre su uso en zonas endémicas para la malaria. Pero no, se quedó tan ancho y tuvo que ser su paciente, es decir, yo, quien sacara el tema.

Lo que ocurre es que el ibuprofeno, al igual que la aspirina, es un medicamento de tipo AINE (antiinflamatorio no esteroideo), cuyo uso está desaconsejado en caso de sufrir malaria debido a que puede aumentar el riesgo de sufrir hemorragias internas.

Por tanto, lo que generalmente se aconseja es que, si uno se encuentra en una zona endémica para paludismo y presenta fiebre, se tome paracetamol, al menos hasta que se confirme que no se trata de la malaria o se visite a un médico.

Así, cuando le comenté al médico que yo había leído esa recomendación sobre el ibuprofeno, él se limitó a decir “Bueno, sí, no pasa nada, tomas paracetamol por si acaso y ya está”.

Por supuesto que no pasa nada una vez hablado, pero, yo no tenía por qué conocer esa contraindicación específica para dicho medicamento. Si yo u otra persona hubiésemos seguido sus recomendaciones, probablemente habría tomado ibuprofeno en caso de tener fiebre, aunque estuviese en un lugar de riesgo para malaria.

Pero, esto no fue todo. Salí de su consulta sin un triste folleto informativo, aunque supongo que eso es fallo del propio centro y no del doctor que me atendió.

Lo único que recibí, a parte de mi receta para la vacuna contra la fiebre amarilla que me pondría minutos después en ese mismo centro, fue una fotocopia muy cutre con unas escasas recomendaciones genéricas.

Puede que mi queja sobre los folletos parezca banal, pero sé que en muchos otros centros sí los entregan y pueden resultar muy útiles, ya que cuentan con información de calidad y bastante específica.

Sin ir más lejos, para este mismo viaje mi novio acudió al centro de vacunación internacional que le correspondía a él, en Alicante.

centro de vacunación internacional

A diferencia de lo que me ocurrió a mí, su médico le hizo muchas preguntas sobre el viaje y le proporcionó de palabra recomendaciones específicas para los distintos países que iba a visitar.

Y todo ello lo complementó dándole diversos folletos informativos sobre seguridad del viajero, higiene básica para prevenir contagios y nociones básicas sobre los distintos tipos de enfermedades y cómo manejarlas.

Retomando mi historia, fui a ponerme la vacuna contra la fiebre amarilla a otra salita del mismo centro. Como no me había quedado claro lo de cuánto tiempo podía alargar la toma de Malarone, pensé que podría preguntarles a los dos sanitarios que me iban a atender a continuación. Un chico joven y una señora algo más mayor.

Yo no sé si tenían un mal día o si estaban hartos de resolver dudas que no les correspondían a ellos, pero, en concreto, la señora, no pudo ser más borde. Me respondió de mala manera que eso me lo tenía que haber dicho el médico, que, si no me había quedado claro, que volviera a pasar a la consulta. Yo le especifiqué que solo quería saber su opinión, y ella se quedó quejándose con su compañero sobre el médico.

En fin, que yo me fui de allí con mi vacuna, pero bastante decepcionada.

Como veis, y en contra de lo que supondríamos, no siempre estos centros nos ofrecen toda la información y el asesoramiento que deberían. Depende del médico, de la predisposición de otros trabajadores y de si el centro cuenta con medios o no para facilitarte información extra.

Por ello, ya he recomendado en otros artículos ir a la consulta médica conociendo de antemano unos aspectos mínimos sobre la situación sanitaria del país o países que vamos a visitar. Yo diría que antes de ir al médico deberías conocer las enfermedades relevantes y las vacunas obligatorias y recomendadas, como mínimo.

Si te ocurre algo parecido a lo que me ocurrió a mí, sería bueno, si tienes la posibilidad, acudir a otro centro o institución que ofrezca información sanitaria para viajeros para resolver las dudas que el primero no haya resuelto.

En cualquier caso, y por mucho que te informes por tu cuenta, siempre debes acudir al médico antes de comenzar tu viaje.

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