Christiania

Christiania, un sueño danés

Christiania, oficialmente denominada Ciudad libre de Christiania, es un rincón del mundo muy especial.

Conocido por muchos por el fácil acceso a algunas drogas, Christiania es mucho más que eso. Es su atmósfera, su gente, su arquitectura…Mires donde mires, es muy fácil encontrar la esencia que dio origen a este increíble lugar.

Mientras viví en Copenhague, este enclave se convirtió casi en un lugar de culto para mí. A él acudía todos los domingos a eso de las 8 de la tarde, para disfrutar de la clásica Jam session del Jazz Club. Esos conciertos contaban con una audiencia y unos músicos de lo más variopinto, y siempre sonaban clásicos como: Highway to Hell, Stand by Me o “Where all the flowers has gone?”, entre muchos otros. Cualquier instrumento podía tomar parte: trompetas, saxos, guitarras, piano, armónicas, bajos...un verdadero espectáculo para cualquier amante de la música en el que intervenían jóvenes y viejos, verdaderos talentos o cualquiera del montón. Nosotros hasta que no acababa no salíamos de allí, y más de una vez nos quedamos incluso tras el cierre del bar a tomar la última con el dueño y otros supervivientes.

Pero, más allá de la buena música, Christiania me mostró el lado más tolerante de los daneses. Recuerdo una vez en la plaza principal, mientras tomábamos unas cervezas locales, que teníamos justo enfrente a una pareja almorzando con sus hijos pequeños. En la mesa de al lado había un grupo de chicos y chicas fumando marihuana. Sinceramente yo esperaba una queja, un reproche o, al menos, una mirada inquisidora. Pero no.

No, no ocurrió nada de eso. No pasó absolutamente nada. Nadie se escandalizó. Tanto la familia como los chicos permanecieron allí, unos al lado de los otros, sin problema alguno. Esa es la esencia de Christiania, libertad de acción y expresión, pero siempre con tolerancia y respeto hacia los demás.

Otra las fantásticas lecciones que se predican desde este pequeño rincón del mundo es la costumbre de compartir con los demás, así como la reutilización de las cosas. Por ello, paseando por Christiania te puedes encontrar un armario en medio de la calle repleto de prendas de ropa, tanto para niños como para adultos. Es un armario abierto, no necesitas dinero ni tampoco pedir permiso para rebuscar entre sus cosas. De ti solo se espera que, si un día tienes ropa que no usas, la dejes allí para que otro pueda aprovecharla. Una especie de hoy por ti, mañana por mí, o, lo que para unos no sirve, para otros es muy útil.

Este tipo de iniciativas mantiene vivo el lugar, y hacen que el ambiente que se respira sea especial, un ambiente de comunidad; algo que se disipa en las grandes ciudades. Puede que ahora te suenen y que incluso haya iniciativas similares en tu barrio o ciudad, pero en Christiania es algo que llevan mucho tiempo haciendo, manteniendo y difundiendo.

Para mí desde luego fue la primera toma de contacto “a saco” con muchas iniciativas sociales que hasta entonces desconocía.

Si pasas por Christiania no te quedes en las primeras calles ni el primer bar que te cruces. Pasea y adéntrate en sus rincones porque te aseguro que te sorprenderá muchísimo. Por sus caminos te encontrarás casas inimaginables, que solo pueden haber salido de la cabeza de un soñador.

P.D.: No incluyo fotos del interior de Christiania porque no está permitido. Tendrás que despegarte del sofá e ir a descubrirlo por ti mismo.

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