Mannheim rio Neckar

Mannheim, ¿la ciudad más fea de Alemania?

Mannheim carga con un sambenito que parece que no podrá quitarse nunca de encima. Y es que muchos alemanes la tachan de ser una de las ciudades más feas del país.

Si bien es cierto que no es una de las ciudades más bonitas de Alemania, ni tan si quiera una de las más bonitas del estado de Baden-Württemberg, no creo que merezca el deshonroso título de ser una ciudad fea feísima.

Probablemente no ayuda que una de sus vecinas más cercanas sea Heidelberg, considerada por muchos como “una ciudad de cuento de hadas”; la cual, aunque es verdad que es más bonita que Mannheim, en mi opinión está un poco sobrevalorada.

Pero, entonces, ¿por qué desprestigian los propios alemanes a la ciudad de Mannheim?

Mannheim: una víctima de la industrialización y la Segunda Guerra Mundial

Mannheim

Desde sus orígenes, Mannheim ha sido una ciudad industrial. Una fuente de trabajo para obreros de la metalurgia, el automovilismo y muchas otras clases de industrias. En consecuencia, en la ciudad existían y existen muchas áreas de fábricas y naves industriales que, obviamente, no son bonitas.

Sin embargo, eso no era incompatible con la construcción de un bonito centro histórico y edificaciones emblemáticas, como en cualquier otra ciudad. Así, en Mannheim se construyó un enorme castillo, un llamativo ayuntamiento o una preciosa estación de bomberos, entre otros.

El problema es que, en la actualidad, la gran mayoría de ellos, no tiene ningún valor histórico.

alte feuerwache mannheim

Puesto que durante la Segunda Guerra Mundial Mannheim ya era un tremendo foco de actividad industrial, los aliados bombardearon la ciudad de punta a punta hasta reducirla a escombros.

Mientras que Heidelberg fue respetada y sobrevivió al conflicto prácticamente intacta, la desafortunada Mannheim fue despojada de su historia y belleza. Y es que, las bombas, no solo acabaron con las fábricas de la ciudad, sino con prácticamente cualquier edificio de valor histórico y arquitectónico que había en ella.

Tras el fin de la guerra, había que reponerse cuanto antes y devolver la vida a la ciudad y la normalidad a sus habitantes. Así, gran parte de las viviendas, totalmente destruidas, se construyeron sin prestar atención a la armonía o belleza de las mismas. En ese momento, solo importaba reconstruir la ciudad cuanto antes.

La mayoría de los edificios emblemáticos fueron construidos desde cero, pero respetando el aspecto que tenían antes de ser bombardeados. Muchos de ellos fueron reconstruidos utilizando los escombros originales de la edificación, como ocurrió por ejemplo con el castillo.

Pero, a pesar de que se hayan creado réplicas exactas, ninguno de ellos tiene valor histórico o arqueológico, lo que favorece que sean ninguneados o poco valorados respecto a muchos otros edificios emblemáticos del país.

Por tanto, Mannheim no es más que una ciudad desafortunada, una cicatriz de uno de los peores conflictos que haya sufrido la sociedad moderna. Una ciudad que, personalmente, dista mucho de ser una de las más feas de Alemania.

En cualquier caso, creo que, en lugar de ver la fealdad y la "no importancia" de su arquitectura, habría que valorar su gran capacidad por resurgir de las cenizas y su ímpetu por recobrar, en la medida de lo posible, la esencia de lo que un día fue.

Wasserturm Manheim

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