Regatear en los viajes

Regatear en los viajes: ¿una práctica moralmente incorrecta?

A raíz de diferentes comentarios que he escuchado o leído, hacía tiempo que quería hablar sobre una práctica común pero no bien vista por todos: la de regatear en los viajes.

Desde luego, lo que encontrarás a continuación no deja de ser mi opinión personal, pero en mi defensa he de decir que está basada en una amplia experiencia de viajes por numerosos países y en una observación minuciosa, tanto del que regatea como del que “es regateado”.

El dilema de regatear en los "países pobres"

Da la casualidad de que eso de regatear productos e incluso servicios como el alojamiento, suele darse en países con recursos más limitados, los que vulgar y no siempre acertadamente llamamos "países pobres".

A nadie se le ocurriría regatear el precio de los carísimos cafés en la Plaza de San Marcos, en Venecia; o el precio de una habitación de hotel en Bruselas, ¿verdad?

De ahí nace el dilema, o los sentimientos encontrados a consecuencia de que parece que precisamente vamos a regatearle a quien menos tiene.

NHe de confesar que a mí al principio me pasaba. Me daba pena, me sabía mal. Así que simplemente preguntaba el precio y, si me parecía caro o se me salía de presupuesto, pues decía “No, gracias” y listo.

La sorpresa viene justamente en ese rechazo de lo que te han ofrecido, y es cuando te das cuenta de que el regateo no es cuestión de usura ni tampoco un abuso, sino una costumbre, un juego e, incluso, una estrategia comercial.

El "regateo", ¿qué se esconde tras él?

Retomemos ese momento de iluminación en el que, en mi caso, descubrí la esencia de regatear en los viajes.

Tras escuchar el precio y perder el interés por eso que vas a comprar dices, “No, gracias”. Conforme a lo que estamos acostumbrados en España, por ejemplo, se esperaría que tú continúes tu camino y el vendedor siga trabajando con la esperanza de tener más suerte con el próximo cliente.

Sin embargo, cuando rechazas la oferta el vendedor te pregunta ¿cuánto quieres pagar?; o directamente te ofrece un precio reducido o alguna “oferta especial” tipo la segunda unidad a mitad de precio.

Puede que te pongas contento y aceptes el trato, o puede que ni con esas te interese por el motivo que sea, lo rechaces y sigas tu camino.

Llegados a este punto, en muchos países no es raro que el vendedor te haga una oferta todavía mejor antes de que te vayas o, incluso, si ya te has empezado a marchar, que se espere unos segundos y luego corra detrás de ti ofreciéndote el mejor trato del siglo.

¿Se está rebajando ese vendedor a tus deseos por necesidad? O, espera, ¿cómo es posible que algo por lo que me pedían 30 € ahora me lo quieran vender por 10 €? ¿Es que no le importa perder dinero? ¿O es que en realidad eso nunca costó 30 € y por lo tanto todo era una estrategia del tipo “si cuela, cuela”?

Los mejores negociantes te animan a regatear

Pues sí amigo, en realidad en países como Tailandia, Filipinas, Madagascar o Cuba, entre muchos otros, regatear es una costumbre, una tradición, un hábito, llámalo como quieras. El caso es que a veces son los propios vendedores los que te animal a regatearles.

Existe una especie de protocolo no oficial que suele consistir en:

  • El vendedor te da un precio muy por encima del coste real del producto en cuestión. Aquí es donde entra en escena el “si cuela, cuela”.
  • Si tú ya has aprendido algo sobre regatear en los viajes, nunca colará, y el siguiente paso es ofrecer un precio inferior al que estás dispuesto a pagar. Nunca se debe decir directamente el precio definitivo que queremos, porque será más difícil conseguirlo.
  • Ahí empieza el tira y afloja en el que tu tratas de bajar el precio del vendedor, y éste trata de subir la cantidad que tú le has propuesto, hasta alcanzar un punto medio que satisfaga ambas partes.

Pero lo mejor de todo es que es algo divertido, diferente. En muchos países, especialmente en los mercados de artesanía y otros lugares donde se acumulan los turistas, los vendedores disfrutan con el regateo. Y, déjame decirte algo, disfrutan porque siempre ganan.

Piensa que puede que no tengan tantos recursos como nosotros, pero desde luego, tontos no son. Por tanto, no van a bajar de precio hasta llegar al punto de perder dinero, ni tampoco a obtener ganancia cero. Lo cual también indica que, de hecho, son muy listos, y el primer precio que ofrecen puede ser 2, 3, 4 o 5 veces superior al precio real del artículo en cuestión.

Por ello no hay que sentir pena, vergüenza, ni tiene porqué saberte mal regatear. ​

Los haters del regateo en los viajes

Puede que no te guste regatear o que no estés acostumbrado a hacerlo, tal y como me pasaba antes a mí misma y, por supuesto, no hay nada de malo en ello.

Sin embargo, hay muchos viajeros que directamente consideran inapropiado e incluso inmoral que otros regateen el precio de un producto o servicio en según qué países.

Lo ven, tal y como comentaba antes, como un abuso o como una forma de aprovecharse de la necesidad de una persona con menos recursos.

Pero, nada más lejos de la realidad. De hecho, me atrevería a decir que quienes se cierran en banda con el regateo para supuestamente no aprovecharse de un humilde vendedor, terminan siendo víctimas de una estrategia comercial en la que pagan por un producto un precio muy por encima de su valor económico real.

Y, puede que te preguntes, ¿pero cómo es posible que, por ejemplo, un collar valga 1 € en el país X, cuando por uno muy parecido en España se pagan 20 €? ¿Cómo le voy a regatear al vendedor si en vez de 1 € me pide 5 €?

Pues es posible debido a multitud de factores que, por un lado abaratan el coste de ese collar en el país X y, por otro, hacen que el precio de ese mismo collar se encarezca notablemente en nuestro país.

Algunos de esos factores son, por ejemplo, el nivel de vida del país y el valor de la moneda nacional, el coste o disponibilidad de la materia prima, la ausencia o presencia de intermediarios, y un largo etcétera.

Por tanto, a los que cariñosamente he llamado “haters del regateo los animo a poner en práctica el eso de regatear en los viajes e, incluso, a preguntarle a alguno de esos vendedores que te incitan a regatear porqué lo hacen.

Para acabar con esta parte, también me gustaría recalcar que, más allá de la costumbre o tradición de regatear que existe en muchos países, no todos los viajeros tienen los mismos recursos económicos. Y, aunque sus recursos sean superiores a los de la gente local del país, eso no siempre significa que puedan gastar y gastar sin miramientos.

Mientras que a algunos viajeros con mayor poder adquisitivo pueda parecerles bien, por ejemplo, pagar 20 € por una noche en algún hotel de Filipinas, aunque el precio real sean 10 €, a otros sin embargo puede no llegarles el presupuesto de viaje y, por tanto, es comprensible y totalmente válido que intenten conseguir un precio más bajo (que además, en este ejemplo, estaría más cerca del precio real).

De nuevo, recalcar que los vendedores o proveedores de servicios saben lo que se hacen, y nunca van a dejar que un turista pague por su producto menos de lo que realmente cuesta. Es decir, existe un límite lógico que es el precio real del producto en el país y las circunstancias del momento concreto.

¿Dónde está el límite para regatear en los viajes? ¿Es todo "regateable"?

Pues el límite obviamente lo pone el vendedor, y será aquel que le reporte un beneficio mínimo adecuado para aquello que vende.

Sin embargo, el viajero también debe tener sus propios límites, tanto para no pagar más de la cuenta como para que el regateo no pase de ser de una transacción divertida a una falta de respeto por menospreciar el valor aquello que intentan vendernos.

Es decir, creo que a nadie con dos dedos de frente se le ocurriría, por ejemplo, pretender pagar 1 céntimo de euro por un cuadro hecho a mano en algún mercado de artesanía. 

De todas formas, te aseguro que si cruzas el límite el vendedor te lo dirá claramente.

En cuanto a que, si todo es “regateable”, obviamente no. Otra ley no escrita dice que cuando los productos tienen una etiqueta que indica el precio, no se debe regatear. Es decir, si el precio está especificado se supone que es su valor original y definitivo.

Si no lo tienes claro, observa qué hace otra gente para saber si es posible regatear o, directamente y educadamente, puedes preguntar si es posible que te hagan o si hay alguna oferta (en lugar de proponer un precio más bajo).

Por supuesto, y como decía al principio, el regateo no es costumbre en todos los países, por lo que antes de lanzarnos conviene tenerlo claro para no pasar un momento bochornoso.

Pero, es que a mí se me da fatal, ¿cómo aprendo a regatear?

Se puede decir que yo aprendí a regatear en Madagascar, gracias a un vendedor de un mercado de Antananarivo. A mí me daba vergüenza y me sabía mal regatear, así que cuando me dijo el precio de lo que me había interesado, simplemente dije que no.

Ahí él me dijo, ¿cuánto quieres pagar?; como veía que yo no tenía ni idea, que no paraba de dudar y no le hacía ninguna contraoferta empezó a decir “¡Venga! ¡Propón una cifra!; ¿Cuánto crees que vale? ¡No seas vergonzosa! ¡Así es como se hace aquí!"

¡Desde entonces no hay quien me pare!​ ¡Viva el regateo!

Confieso que ahora ya me lo paso bien regateando. Casi siempre da lugar a risas y a momentos divertidos, además de conseguir mejores precios, más reales y menos "para turistas".

Para aprender a regatear, la clave, como en muchas otras cosas, es la práctica. Hay que perder la vergüenza y ese sentimiento injustificado de culpabilidad, para entender que en muchos países es una práctica normal y casi necesaria.

Observa a otra gente regatear, tantea los precios generales entre distintos vendedores, pregúntate cuánto pagarías por eso, y luego lánzate a probar.

No te conformes con el primer precio "rebajado" que te ofrezca el vendedor, apriétale sin miedo (aunque con cabeza), que él te hará saber hasta dónde está dispuesto a llegar.

La Conclusión

En mi opinión, creo que regatear en los viajes no solo no es algo moralmente incorrecto, sino que, de hecho, es una buena experiencia que merece la pena vivir en nuestros viajes, así como una manera de interactuar con la gente local y aprender sobre sus costumbres y modo de vida.

Y tú, ¿qué opinas? ¿eres un regateador nato o te puede la vergüenza? ¿Cuál ha sido tu mejor experiencia? Exprésate en los comentarios, ¡estoy deseando leerte!

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