viaje a laponia nieve

De cuando nos quedamos tiradas en medio de la nada nevada y nuestro viaje a Laponia cambió por completo

Un viaje a Laponia, dos motos de nieve, un trineo y un total de seis personas. Se rompe el trineo en medio de la nada y ¿qué pasa? Pues que estamos jodidas.

Ese sería el resumen de la situación que tuvo lugar al poco de comenzar nuestro viaje a Laponia, el desafortunado inconveniente que daría lugar a una sucesión de afortunadas experiencias.

Aquí va la tercera entrega de esta serie de artículos sobre este alejado rincón de Finlandia (¿aún no te has leído el primero y el segundo post de historias de Laponia?)

Ahora empieza el verdadero viaje a Laponia

Con el trineo roto y sin espacio para todas, solo quedaba una opción. La dueña de las motos tenía que ir a buscar un coche en el que poder cargarnos a todas, y al trineo.

Consigo solo podía llevarse a una, en la otra moto; al resto nos tocaba quedarnos en medio de la nieve.

viaje a Laponia

Nos dio instrucciones de no salirnos del camino para poder encontrarnos a la vuelta, y nos indicó la dirección en la que debíamos andar; porque quedarse parada en medio de la nieve a temperaturas bajo cero… no parecía ser la mejor idea.

La verdad es que nos lo tomamos como una aventura, y en vez de preocupación reinó la diversión y las risas.

He de confesar que nos salimos del camino en algunos momentos porque era imposible no caer rendido en esa nieve virgen que había campo a través; era el escenario perfecto para hacerse fotos.

viaje a laponia finlandia
viaje a laponia finlandesa

Eso sí, siempre volvíamos a la carretera y continuábamos a paso lento en la dirección que nos había indicado; un poco de aventura vale, pero extraviarnos no entraba en nuestros planes.

Tras un rato andando y bromeando de si volverían a por nosotras, apareció una furgoneta blanca. En cuanto nos vio, ahí, cuatro tías claramente extranjeras, en medio de la nada, con cascos, pero sin ninguna moto a la vista, la furgoneta paró.

Era un chico joven, que nos preguntó que hacíamos por ahí y se ofreció a llevarnos. Le contamos que vendrían a buscarnos, aunque agradecíamos la oferta.

Pero el chico insistió en saber dónde estábamos alojadas y dijo que se pasaría por allí más tarde (aunque no recuerdo que nosotras lo invitáramos).

Quitando dos chicos asiáticos que vinieron un par de días después al sitio en el que nos alojábamos, no vimos ningún otro turista por la zona de Jokitörmä, así que supusimos que le apetecía conocer gente nueva. El muchacho siguió su camino y nosotras continuamos andando.

Más tarde aparecieron nuestras rescatadoras y fuimos a por el trineo que habíamos dejado atrás.

La dueña de las motos en realidad era profesora, y nos llevó al lugar donde daba clases y donde iba a dejar el trineo estropeado.

Al llegar salieron una sola chica y muchos chicos, entre ellos el de la furgoneta que nos habíamos encontrado en el camino. Sin duda éramos la novedad.

Pero ellos también eran novedad para nosotras y, aunque en ese momento no lo sabíamos, serían en gran parte responsables de lo maravilloso que iba a ser este viaje a Laponia.

Todos eran alumnos de lo que nosotras bautizamos como un "FP de granjero de renos". y, para nuestra curiosidad, todos eran Sami, el pueblo indígena de Finlandia.

Si te gusta, comparte!
Share on FacebookTweet about this on TwitterPin on PinterestShare on Google+Share on LinkedInEmail this to someone

Comparte tus dudas y experiencias, ¡Exprésate!