breeze turtle cove

Turtle Cove, el campamento de voluntarios en la Isla de Los Lémures

Después de pasar por Nosy Be y superar con éxito mi primera toma de contacto con Madagascar, llegué a Nosy Komba tras unos 30 minutos de trayecto en un pequeño barco.

A medida que nos acercábamos a la orilla, más me costaba creer que esa pequeña isla volcánica sería mi hogar durante las próximas dos semanas.

playa turtle cove

Ahí, en los bosques de Nosy Komba era donde iba a desempeñar mi labor como voluntaria en un proyecto de conservación del lémur negro; maki, como le llaman por allí.

Una playa remota con fondos de coral y un puente que se adentraba entre rocas y vegetación era todo lo que veía hasta el momento.

Llegado el momento de desembarcar, la pequeña barca paró en medio del mar, donde hacíamos pie, pero a bastantes metros de la orilla. Como imaginarás, si se lleva maleta en lugar de mochila, toca hacer malabarismos para llegar hasta la playa sin pasar por agua todo el equipaje.

mochila de mochilero turtle cove

En cada desembarco en la playa de Turtle Cove tocaba remojarse un poquitín

Aparecieron en la playa quienes luego serían compañeros y amigos, así como los supervisores de los proyectos de voluntariado que se llevan a cabo en el Madagascar Research & Conservation Institute, la entidad con la que iba a colaborar en Nosy Komba.

Turtle Cove - El campamento soñado

Tras recorrer el pasadizo de madera que serpenteaba entre las rocas de la costa, llegamos a Turtle Cove, un campamento que parecía salido de la imaginación de cualquier aventurero.

panoramica turtle cove

Una especie de hall amplio, con vistas al mar, sin puertas ni ventanas, totalmente diáfano y construido en madera, era la zona común.

breeze turtle cove

Las cabañas donde dormían los voluntarios, construidas en su totalidad en madera con tejados de hojas/paja, no eran menos especiales.

También sin puertas ni ventanas; una cortina era todo lo que separaba el interior de la cabaña del entorno exterior. ¡Idílico!

A mí me tocó alojarme en la cabaña “Breeze”, al parecer una de las mejores porque recibía la brisa directa del mar, que hacía las veces de aire acondicionado natural.

En el interior la cabaña contaba con tres bancales de literas, por lo que compartía el espacio con otras 5 voluntarias de diferentes edades y nacionalidades.​

Las vistas desde mi cabaña eran simplemente espectaculares. Amanecer, atardecer, día o noche cerrada. Daba igual.

Desde el pequeño balcón con vistas directas al mar y con el oleaje como banda sonora, cada momento era como estar soñando.

atardecer turtle cove

Atardecer desde la cabaña Breeze

El resto de cabañas estaban esparcidas por el campamento. Unas ascendiendo la loma de la colina rocosa, y otras, como la mía, con vistas al mar.

El campamento de Turtle Cove contaba con dos baños con ducha, que consistían en una pequeña cabaña independiente y que estaban ubicadas una en la zona alta del campamento y otra en la parte baja. Eso sí, aunque estaban bien preparados, aquí el agua caliente es un lujo, así que agua fresquita era lo que tocaba para la hora del baño.

Ascendiendo un poco en la colina se encontraba la cocina, un área con mesas y una zona para cocinar, por supuesto, al aire libre y con lo básico.

comedor turtle cove

La zona de cocina y comedor del campamento

Como podrás imaginar, aquí la electricidad es un bien escaso y, yo personalmente, lo agradecía, pues de ser de otra manera perdería gran parte de su encanto y hubiese sido una experiencia mucho menos aventurera.

El campamento contaba básicamente con algunas placas solares y un generador que se ponía en funcionamiento dos veces al día.

Con un sistema de turnos, los que convivíamos en el campamento nos alternábamos para cargar nuestros dispositivos y con eso íbamos funcionando.

Puesto que no teníamos electricidad permanente ni en abundancia, en la cocina no teníamos nevera ni similares. Aunque las cabañas no tenían luz, las zonas comunes y los aseos sí que contaban con algo de iluminación.

Así que, como imaginarás, por la noche el frontal o la linterna era en un accesorio indispensable, tanto para moverte por el campamento como para funcionar en tu cabaña.

De los primeros en disfrutar de este paraíso

Puesto que el proyecto no llevaba mucho tiempo en marcha, fuimos de los primeros voluntarios en Turtle Cove.

alrededores turtle cove

Alrededores de Turtle Cove

A medida que se iban detectando fallos y necesidades, se iban implementando mejoras.

Por ejemplo, al comienzo de mi estancia el agua de las duchas tenía muy poca fuerza. Antes de que me marchara ya habían mejorado considerablemente la potencia del agua simplemente subiendo los tanques de agua a más altura en la colina.

Pero no solo se mejoraba el funcionamiento del campamento, sino que también se molestaban en irlo embelleciendo poco a poco; por ejemplo, mejorando los caminos que serpenteaban entre las cabañas.

En cualquier caso, creo que todos los que estábamos allí disfrutábamos de este campamento tan especial. Diferente e integrado en el entorno de una forma excelente, era imposible no quedarse prendado con él.

Puede que no sea un lugar apto para los menos aventureros o quienes busquen más comodidades. Ahora bien, si no te importa prescindir de nevera, lavadora, luz, aire acondicionado, agua caliente y todos los lujos que tenemos en casa, disfrutarías como nadie de Turtle Cove.

Sin duda, para mí vivir aquí durante dos semanas ha sido una de mis mejores experiencias viajeras.​

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