viajeros insolidarios

Una historia reciente de viajeros insolidarios

En mi último viaje a Gran Canaria para pasar las navidades en casa, me topé con varios viajeros insolidarios, de los cuales hablé ayer.

Viajaba con Norwegian, una compañía de bajo coste que no incluye la facturación gratuita de ninguna pieza de equipaje pero que sí permite, gratuitamente, una maleta de cabina y un bolso pequeño.

Tanto durante el proceso de compra como en la propia tarjeta de embarque, se especificaba claramente que la aerolínea tan solo permitía un bulto mediano como equipaje de mano, con unas dimensiones y un peso específicos, pero razonables.

Como yo iba a estar tres semanas por casa, escogí una tarifa un pelín más cara pero que me permitía facturar una maleta de 20 kg como máximo. En cuanto a mi equipaje de mano, me las ingenié para llevar una mochila con un peso inferior al límite que impone Norwegian, así que no tendría ningún problema.

Listos para embarcar: salen a la luz los viajeros insolidarios

En la cola para embarcar, justo delante de mí, había dos viajeros insolidarios, un hombre y una mujer, que no se conocían ni viajaban juntos.

Ella llevaba nada más y nada menos que 3 bultos: una maleta de mano que se pasaba claramente de las dimensiones permitidas, una mochila y su bolso. Además, en la mochila llevaba enganchada una chaqueta bastante abultada.

Él tampoco se quedaba corto. Aunque su maleta de mano no era tan grande como la de la mujer, el hombre también llevaba un enorme abrigo, el típico bolso para transportar un ordenador portátil y una bolsa.

El chico que se encargaba de comprobar las tarjetas de embarque fue muy amable con ambos. A la mujer le dijo que lamentablemente su maletón de mano tenía que ser facturado porque no quedaba espacio, pero claro, sin lugar a dudas la compañía se la facturaría gratuitamente.

Cuando fue el turno del hombre insolidario, el trabajador de Norwegian puso cara de resignación, y le dijo que no ya no quedaba apenas espacio en los compartimentos del avión, así que le pidió por favor que colocara sus excesivas pertenencias debajo de su asiento.

Yo subí al avión justo detrás de ese hombre y, ¿sabes lo que hizo? Con toda su cara puso su maleta, su portátil, su bolsa y su chaqueta gigante en el compartimento superior, ignorando completamente la amable petición que le habían hecho y demostrando un nulo respeto por el resto de viajeros, a los que también les pertenece un espacio donde poner su maleta.

Con respecto a la mujer, también es claramente injusto que, mientras otras personas han pagado su maleta facturada, ella, por echarle cara al asunto, al final salga beneficiada a coste cero. O, como ocurre en otras ocasiones, que personas que no quieren facturar y cuya maleta cumple con las dimensiones y el peso adecuado, tengan que hacerlo, aunque sea gratuitamente, porque antes ya se han subido otros pasajeros con uno, dos o más bultos de lo permitido.

En fin, como comentaba en el artículo de ayer sobre viajeros insolidarios, más vale que nos ciñamos a las restricciones que imponen las compañías aéreas sobre el equipaje de mano (o al menos que no le echemos tanta cara y dejemos de pasarnos tres pueblos); de lo contrario volveremos a aquellos oscuros tiempos en los que Ryanair y otras aerolíneas eran sargentos de hierro sin piedad que no permitían ni un gramo ni un milímetro extra en las maletas de cabina.​

Conclusión: Respetemos las normas y al resto de viajeros. Así todos viajaremos más cómodos y las compañías no tendrán excusa para volver a ponerse ultra-exigentes con el equipaje de mano.

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