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la naturaleza

En este bosque hay vida, aunque no lo parezca

La fauna silvestre no siempre se manifiesta ante nosotros. A veces está, pero no lo parece, y no es extraño que se nos olvide que ese bosque, selva, manglar o humedal está lleno de vida.

Y cuando nos olvidamos, no es raro que seamos menos cuidadosos y respetuosos, cayendo inconscientemente en comportamientos que ponen patas arriba el paraje natural que estamos visitando y la tranquilidad del mismo.

Puede que gritemos, corramos campo a través ignorando los senderos marcados o arranquemos una flor para ponérnosla en la oreja hasta que se marchite, no muchos minutos después.

Y aunque no nos demos cuenta o lo hagamos sin mala intención, con todo ello, estaremos perturbando la naturaleza de diferentes maneras.

Cómo y porqué evitar perturbar la naturaleza

la naturaleza selva Andasibe

Un bosque o una selva (o cualquier otro ecosistema natural) no es lugar para andar gritando o armando escandalera, poniendo música a tope con un altavoz en un lugar recóndito y tranquilo.

Los parajes naturales, protegidos o no; en delicado estado de conservación o prácticamente vírgenes, hay que explorarlos siguiendo las pautas indicadas siempre que las haya (senderos señalizados, zonas de acceso restringido, áreas en las que está prohibido el baño, etc.) o aplicando el sentido común y la responsabilidad cuando no encontremos indicaciones específicas.

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Señal del sendero a seguir para el avistamiento de ornitorrincos en Australia

De no hacerlo estaremos perturbando enormemente, directa o indirectamente, la tranquila vida de ese paraje natural que estamos visitando.

Por supuesto, romper, dañar o dejar nuestra huella con un triste rastro de basura o residuos en cada sendero que recorremos es de todo, menos un comportamiento responsable.

Por tanto, ignorando las recomendaciones y pautas y poniendo en práctica todos esos comportamientos que en realidad deberíamos evitar, no solo estaremos alterando cada espacio natural en el que lo hagamos, sino que nos estaremos perjudicando a nosotros mismos.

Nos perjudicamos a largo plazo, pero también en ese mismo instante en el que estamos, en teoría, disfrutando del medio natural.

Abandonando los senderos, rompiendo la vegetación o tirando basura fuera de donde le corresponde, nos perjudicamos a largo plazo porque estaremos contribuyendo, quizás sin imaginarlo, a destrozar ese espacio y su conservación. Quizás hoy nos parezca maravilloso, pero, con esos comportamientos, dentro de 2, 3 o 5 años sea un basurero o la frondosa vegetación luzca mucho más pobre... 

Ese sería solo un ejemplo de como “nos vuelve el boomerang” de nuestras propias malas prácticas. Pero, ¿qué hay del efecto negativo inmediato de esos malos comportamientos?

Aunque no lo parezca, y a menos que sea un ecosistema extremo y/o inhóspito, en la mayoría de parajes naturales hay vida. Aves, reptiles, insectos, mamíferos...

La abundancia, tipos y variedad de especies animales que haya dependerá del ecosistema en cuestión y del lugar en el que este se encuentre, pero desde luego, siempre hay algo interesante por descubrir; siempre puede tener lugar alguna sorpresa.

Pero cuando armamos jaleo en la naturaleza, ya sea a gritos, aspavientos o poniendo música que retumbe de árbol en árbol, estaremos dinamitando todas nuestras posibilidades de disfrutar de la fauna que habite en el lugar.

la naturaleza fauna erawan falls

Precioso reptil que puedes contemplar en Kanchanaburi, Tailandia

Por tanto, evitando todos esos comportamientos que perturban el etorno natural podremos disfrutar mucho más de la experiencia: escuchar el canto de los pájaros, apreciar el sonido del viento entre la diferente vegetación, oír el arrullo de un riachuelo, detectar movimientos de animales e incluso conseguir contemplar o interactuar con éstos.

Y te aseguro que esto último solo ocurre si no perturbas el medio, ya que ante movimientos bruscos y ruidos fuertes, lo normal es que los animales se alejen a toda velocidad. Por tanto, no perturbar la naturaleza no solo es importante, sino que también te otorga ventajas como disfrutar de la fauna en estado salvaje.

Los encuentros con fauna silvestre en la naturaleza

Aunque se incluiría dentro de las buenas costumbres para “no perturbar la naturaleza”, los encuentros con la fauna silvestre merecen una mención especial.

mono bali ubud

Mono en Ubud, Bali

He decidido destacarlo así, en un apartado separado, porque a menudo nos puede la curiosidad por un determinado animal o la emoción de un encuentro fortuito, y nos dejamos llevar; cayendo inevitablemente en comportamientos nada recomendables si se quiere ser un viajero o turista responsable.

Lo primero que convendría grabarnos a fuego es que, al encontrarnos con fauna silvestre, sea cual sea, no deberíamos ser más que meros espectadores. Observar y disfrutar del momento sin tirar comida para atraer al animal, aproximarnos en exceso y, en definitiva, sin molestarlo.

Si se te ocurre forzar a un animal, atrapándolo y tocándolo, además de causarle un enorme estrés, puede que tú también acabes, como dice Rosalía, malamente.

Y es que, ante una situación de estrés o peligro, el animal en cuestión podría picarte o morderte, y, según el animal del que se trate y de la herida que te cause, lo que pudo ser un momento maravilloso, puede acabar en disgusto, una vez más, por un comportamiento inadecuado que podemos evitar.

Sin embargo, si dejas que la fauna silvestre funcione a su manera, como mínimo, podrás observarla haciendo sus cosillas con toda naturalidad en su medio.

Si tienes suerte (y según el animal del que se trate, claro), quizás te mire a los ojos y se te encoja el corazón con ese momento especial. Y ya, si estás en tu día de suerte, puede que incluso ese animal se te acerque y te toque él a ti.

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Lémur negro en Nosy Be, Madagascar

Porque, sí, muchos animales son curiosos y si detectan tu presencia puede que quieran olerte, verte de cerca o interactuar contigo para indagar qué eres o porqué estás ahí.

Pero eso solo pasa si no se sienten amenazados ni estresados con tu presencia y comportamiento, y si les apetece o les interesa. Pasa poco, pero cuando ocurre es un momento que no se olvida y, sobre todo, ninguna de las partes tiene que sufrir un rato traumático.

Obviamente, que se te acerque un animal en estado salvaje no quiere decir que este te esté dando permiso, ahora sí, para que lo agarres, lo toques o lo acorrales. No tomes la iniciativa, sé solo un espectador de lo que está ocurriendo. Deja que las cosas fluyan, si es que se da el caso, y no olvides que en esos espacios naturales no somos dueños sino meros visitantes.

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