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blog de viajes

Percibiendo el miedo

Con este grafiti tan bonito de La Habana en el que, para mi sorpresa, algunas/os encontraron un parecido que inevitablemente me subió la moral, les lancé una pregunta.

Si has llegado directamente a este post, al pie de esa foto de Instagram puedes ver de qué va la historia; pero, resumiendo, la pregunta era: ¿has notado miedo en tu entorno?; y (sobre todo) ¿es algo de lo que les apetece que hablemos, reflexionemos o que comentemos?

Muchos comentarios mostraban que sí, que se percibe una especie de miedo ante cosas cotidianas y ya permitidas en las personas que nos rodean o en el entorno debido a la situación actual, por el dichoso coronavirus.

Además, la mayoría manifestó que era algo de lo que sí les apetecía hablar, así que aquí va el texto que había redactado sobre el tema. Les invito a que, tras leerlo, compartan su punto de vista en la siguiente imagen que acabo de compartir en Instagram:

La idea es hacer una puesta en común de impresiones; reflexionar sobre el tema y valorar hasta qué punto es normal o cuándo deberían saltar las alarmas y activamente ponerle freno a ese miedo.

Si además todo lo que comentemos puede ser de ayuda para quienes se sientan más angustiados por esta situación, ya sea para darse cuenta de si es desproporcionado y/o para que no permitan que el miedo se apodere de ellos/as, ya sería algo maravilloso.

¡Vamos al lío!

Reflexionando sobre el miedo + Lecciones extraídas
de los viajes y las experiencias

Desde hace muchas semanas vengo dándole vueltas al miedo. La primera alarma saltó durante la etapa más restrictiva del confinamiento en una conversación telefónica con un amigo.

No fue un caso aislado, y ahora que podemos salir un poquito más e incluso quedar con amigos y familia en casa o en un bar, la alarma del miedo ha resonado una y otra vez con diferentes personas que me rodean.

Mientras que algunos están la mar de contentos de poder salir a tomar una cerveza aplicando todas las medidas de seguridad; muchos otros ni si quiera se lo plantean, no por falta de ganas, sino por exceso de miedo.

No me refiero a personas que no salen por que creen que así contribuyen positivamente a parar cuanto antes al coronavirus; sino aquellas que piensan en sentarse en un bar o en entrar en una tienda de ropa a comprar y se sienten desprotegidos, en peligro inminente; quienes experimentan miedo.

Es comprensible estar preocupado y es importante aplicar y pedir que se apliquen todas las medidas de higiene y distanciamiento que nos han indicado, pero no debemos dejar que el miedo se apodere de nosotros.

No soy psicóloga ni lo pretendo, pero entiendo cómo funciona el miedo, desde el punto biológico, como mecanismo de supervivencia; y desde el punto de vista mental o emocional, cuando se trata de un miedo irracional.

Como decía al inicio, a raíz de percibir ese miedo en varias personas de mi entorno, he dedicado mucho tiempo estos días a reflexionar sobre ello, y no es la primera vez, pero sí cuando más presente lo he tenido.

He lidiado con el miedo en bastantes ocasiones y a distintos niveles con muchos viajeros/as, y quizás eso sea lo que me ha empujado a hablar del tema; a exponer lo importante que es detectarlo, abordarlo y frenarlo a tiempo.

Aunque no lo parezca, el miedo y los viajes están íntimamente ligados, y creo que podemos aprender mucho de ello para evitar que en esta situación se apodere de nosotros.

Hay muchísima gente que tiene miedo a volar, a que le suceda algo mientras viaja, a la fauna exótica potencialmente peligrosa, a las inclemencias del tiempo tropical, a no poder comunicarse en su propio idioma con otros...

Pero cuando uno se atreve y no deja que ese miedo lo limite o lo paralice, descubre y experimenta cosas maravillosas y se da cuenta de que ese miedo no era proporcional.

No hay mejor ejemplo que el que más de cerca nos toca; así que no voy a hablar de miedos de otros, sino de uno propio, que al fin y al cabo es el que mejor conozco y el que durante más tiempo he gestionado.

Y es que como todos, yo también tengo algún miedo completamente injustificado y siempre me gusta compartirlo. ¿El más destacado y perenne? → a los tiburones.

Sentir miedo o respeto por algo no tiene porqué condicionarnos y para ello considero importante aprender a gestionarlo.

En mi caso, por ejemplo, tengo titulación Open Water, he hecho snorkel en la Gran Barrera de Coral en Australia y he nadado con tiburones ballena en Filipinas en medio del océano donde nadie podía asegurarme que no se sumara a la fiesta cualquier otro invitado marino no deseado.

¿Y sabes qué? Hasta la fecha ningún escualo me ha arrancado una pata.

Aún siendo consciente de que es algo irracional, sigo sintiendo un respeto enorme por las profundidades marinas a consecuencia de esos habitantes tan bonitos pero con una injusta mala fama.

Cuando me baño en una playa y una nube sobrevuela mi cabeza generando una sombra en el fondo, me exclamo e instintivamente compruebo que no sea un tiburón en lugar de pensar que es la sombra de una nube (que es lo lógico y normal).

Es algo que llevo dentro y que creo que me acompañará toda mi vida, pero nunca he dejado ni estoy dispuesta a permitir que me condicione hasta límites insospechados.

Es decir, soy consciente de ese miedo “innato”, pero no dejo que se apodere de mí ni de mi vida. Lo gestiono todo lo bien que puedo y siempre tengo presente que es desproporcionado e injustificado.

Además, también me recuerdo a mí misma cuando es necesario la ingente cantidad de experiencias maravillosas, aprendizajes y disfrute que me perdería si dejara que ese miedo me pusiera límites.

Para mí el peso en esa balanza está clarísimo. 

En conjunto, esas técnicas, estrategias o triquiñuelas (llámalo como quieras) me han servido, no para eliminar mi miedo, pero sí para que simplemente sea una parte muy pequeña de mí que no me amargue la existencia ni adquiera más peso del debido.

Con todo esto lo que me gustaría es que aquellos que estén sintiendo miedo irracional o desproporcionado se den cuenta de ello y activamente le pongan freno; porque, sino, creo que puede ser una bola de nieve que cada vez se hará más y más grande.

Es mucho más importante de lo que pueda parecer porque, si hiciéramos un ranking de miedos, comparando mi tensa relación con los tiburones y el temor extremo por la situación actual derivada del coronavirus, lo segundo es más preocupante.

Si el miedo por los tiburones se apodera de alguien, probablemente no bucearía, no se bañaría a más de 1 metro de la orilla (mucho menos en lugares como Australia o Sudáfrica), nunca se le ocurriría practicar surf y, en un caso extremísimo, quizá ni se montaría en barco.

Pero, si como consecuencia de la situación actual y de cara al futuro, el miedo derivado del coronavirus se apodera de alguien ¿imaginas hasta qué punto podría condicionarlo?

Hoy nos toca ser más prudentes que de costumbre, pero eso no significa que tengamos que vivir con miedo.

¿Tú cómo te sientes? ¿Has detectado en tu entorno personas que han desarrollado mucho miedo ante la situación actual? ¿Cómo crees que podemos ayudarnos unos a otros para que esa inseguridad o miedo irracional no se apodere de nosotros y nos impida disfrutar de las cosas bonitas de la vida?

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