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11 Estrategias para un turismo sostenible en destinos urbanos

El turismo urbano es uno de los más habituales, tanto por lo accesible que resulta como por la cantidad de atractivos que ofrecen las ciudades.

También porque, al contar con infraestructuras como aeropuertos y demás, suelen ser lugares de paso indispensables en el desarrollo de otro tipo de viajes, como podrían ser los viajes de naturaleza, para la práctica de deportes e incluso viajes de trabajo en los que se aprovecha para hacer un poquito de turismo.

Aunque muchas veces se asocia el turismo sostenible con los espacios naturales y la conservación de estos, lo cierto es que las ciudades también necesitan que seamos turistas responsables.

De hecho, la popularidad y la facilidad de acceso a las ciudades hacen que estas y sus habitantes se vean sometidos a grandes presiones que hacen peligrar el equilibrio entre los beneficios y los perjuicios que aporta el turismo.

Si te gusta explorar ciudades del mundo y quieres apostar por el turismo sostenible, aquí comparto contigo 11 estrategias que te ayudarán a ser mejor viajero y a demostrar tu compromiso con los lugares que visites en entornos urbanos.

Algunas quizás las conozcas, otras tal vez no te las habías planteado; pero te animo a leerlas todas porque, además de que nunca viene mal hacer un repaso, en todas ellas te hablo de porqué son importantes y cómo beneficia a los destinos que tú, como viajero o viajera, las pongas en práctica.

11 estrategias para turistas urbanos comprometidos con el turismo sostenible

1. Compra en comercios locales y productos de proximidad

Los comercios tradicionales aportan una autenticidad que no encontramos en las grandes cadenas internacionales pero, además, nos dan la oportunidad de contribuir de forma más directa con nuestro dinero al desarrollo económico local.

Además, los mercados y las tiendecillas locales a menudo ofrecen cosas que se producen de manera más limitada y que suelen pertenecer a lo que llamaríamos comercio de proximidad, de cercanía o Km 0.

Esto implica que, además de contribuir económicamente con un comerciante local, estaremos comprando productos que tienen una huella ecológica mucho menor, tanto por su cercanía como por la menor generación de residuos derivados de la producción excesiva. Esto es importante porque hay que pensar que a las grandes producciones, además del consumo y los residuos generados en su fabricación, muchas veces hay que añadirle el coste ambiental de los excedentes, lo que no se vende y se termina desechando, convirtiéndose directamente en residuos.

Eso sí, no todas las tiendecitas locales que nos encontremos en un destino cumplirán esas suposiciones, ya que también existen comercios que, aunque se trate de un negocio local, importan sus productos desde lugares lejanos y que se producen a mansalva.

Por eso, si quieres comprometerte del todo con eso de ser un turista lo más sostenible posible y, además de contribuir con el comercio local, apoyar los productos de proximidad o Km 0, no está demás comprobar o preguntar por la procedencia del producto que quieras comprar. Y es que no es raro encontrarte un imán de Barcelona made in China, que «cerca cerca» no está, ¿verdad?

2. Que no se te vayan de las manos los recuerdos o souvenirs

Aunque comprar en comercios locales y, a ser posible, productos de proximidad está muy bien, eso no justifica que compremos toneladas de cosas innecesarias.

Cuando viajamos por primera vez estamos tan emocionados que queremos llevarle un recuerdo de nuestro viaje a todos y cada uno de los miembros de nuestro entorno: a la abuela, los hermanos, los papis, los sobrinos, los primos, los amigos, los compañeros de piso o de trabajo...

Lo normal es que esa costumbre se vaya perdiendo a medida que viajamos más, pero hay viajeros que, por mucho que viajen, siguen siendo grandes compradores de cosas innecesarias, ya sea de recuerdo o para regalar.

Porque sí, seamos sinceros, el 90% de esos souvenirs que les regalamos a otros (e incluso cosas que compramos para nosotros mismos) terminan estorbando más que otra cosa. Además, cuando se trata de regalos para otros, gran parte de ellos se compran por compromiso, así que encima muchas veces comprarlos es más una tortura que una satisfacción.

Una situación típica es que, a lo mejor, tu madre colecciona imanes y le compras uno, pero como le has comprado algo a ella, sientes que también le tienes que llevar algo a tu padre, y a tu hermano, y a tu novio... y así con media familia.

Una lista infinita de personas que quieres a las que les compras algo por comprar, por quedar bien o por tener un detalle, aunque sea inútil o no les vaya a hacer ilusión porque ni coleccionan imanes ni quieren un recuerdo de un viaje que ellos no han hecho.

Para mí hacer hincapié en esto es importante porque, aunque se habla mucho de reciclar, reutilizar e incluso de los productos ecológicos, me parece que pocas veces nos paramos a recapacitar sobre la raíz de todo, que es el consumo en sí mismo.

Y es que, aunque es importante apostar por los productos más amables con el medioambiente, reutilizar y reciclar aquello que ya no queremos o no podemos utilizar; más relevante todavía es reflexionar sobre la cantidad y la necesidad real de lo que consumimos, porque no hay mejor aliado de la sostenibilidad que la REDUCCIÓN.

Reducir el consumo a aquello que necesitamos, que tiene utilidad y una vida de uso razonable; y limitar todo lo posible el consumismo sin sentido o el comprar por comprar, es lo mejor que puedes hacer para viajar de forma sostenible (y en tu día a día también).

No digo que no compres ningún recuerdo para ti o un regalo para alguien querido, pero que sea algo con significado, con sentido; que no se te vaya de las manos comprando mil cosas y que, a ser posible, sea algo útil o práctico, y no un «cogepolvo» que más pronto que tarde acabará en un cajón o en la basura.

3. Reduce la basura que generas

Ya que hemos hablado de reducir, otra de las reducciones importantísimas para contribuir con un turismo más sostenible es la de la basura que generamos, que no siempre es fácil, la verdad.

Por ejemplo, cuando estamos en casa y de repente la bolsa del reciclaje de plástico se nos llena en un pis pas recibimos una especie de bofetada de realidad que nos permite espabilar y tomar medidas.

Mientras viajamos, sin embargo, es bastante más difícil tomar consciencia de la cantidad de residuos que estamos generando. Nos vamos moviendo de un sitio a otro, estamos casi todo el tiempo fuera del lugar que hace las veces de nuestro hogar y, además, a menudo se encargan otros de retirar la bolsa con nuestra basura.

Es decir, no recibimos esa bofetada de realidad que decía antes y puede que estemos generando ingentes cantidades de basura y no nos demos ni cuenta.

Realizar un esfuerzo por reducir la basura que generamos es especialmente importante en destinos que tienen problemas con la gestión de residuos, que son muchos más de los que quizás imaginas.

Ocurre, por ejemplo, en Indonesia, donde por su condición de país insular, con islas bastante remotas, recoger y procesar la basura resulta bastante más complejo que en otros países; o en La Habana, la capital de Cuba, donde la generación de residuos es sin duda mayor que la capacidad que tiene la ciudad para gestionarla.

A veces el problema es generalizado, es decir, la basura se acumula independientemente de qué tipo de residuo se trate, porque lo que no se consigue es tener un sistema de recogida y/o procesado de residuos efectivo.

En otras ocasiones el problema se centra sobre todo en un residuo concreto porque se genera en cantidades desorbitadas y su reutilización o gestión no es nada sencilla, algo que ocurre, por ejemplo, con el plástico.

Algunos destinos y lugares específicos que saben que los residuos plásticos que generan los turistas agudizan sus problemas preexistentes ya han decido tomar medidas, bien prohibiendo su introducción en el país o bien aplicando tasas por introducirlos.

Encontramos medidas así, por ejemplo, en el Parque Nacional de Kutai, en Borneo, donde se permite la entrada de una única botella de plástico por persona; o en Kenia, que directamente ha prohibido la entrada de bolsas de plástico en el país y aplica multas a quien se salte la prohibición.

Por tanto, si queremos ser viajeros comprometidos con los destinos que visitamos, independientemente de que exista una prohibición explícita o no, lo mejor que podemos hacer es tratar de contribuir lo menos posible a esa problemática reduciendo la basura que generamos.

Utilizar botellas de agua rellenables, emplear organizadores  de equipaje en lugar de bolsas de plástico para organizar el contenido de nuestra la maleta, evitar comprar productos con embalajes excesivos, sentarnos a comer en un restaurante en lugar de comer take away todos los días... todas esas son soluciones simples que contribuyen a que generemos menos basura en general, y menos plástico en particular, durante nuestro viaje.

4. Come en restaurantes locales

Ya que hemos mencionado los restaurantes en el párrafo anterior, porqué no hablar de algo indispensable e ineludible en cualquier viaje y con lo que también podemos ser más sostenibles: la hora de comer.

Se podría decir que comer en restaurantes locales es un tres en uno porque:

1 – Contribuimos con la economía local

2 – Generamos menos residuos

3 – Podremos conocer mejor la cultura del lugar que estamos visitando

Es cierto que el McDonald's siempre es más fácil de encontrar y es un viejo conocido para quien no sea muy fan de probar cosas nuevas, pero ¿en serio vas a viajar hasta Tailandia, Francia o Canarias para comer en el McDonald's?

Incluso si te vas a otro pueblo de tu comunidad autónoma, ¡aprovecha para comer en un restaurante local!

Seguro que, si quieres, puedes comer en el McDonald's (u otra cadena del estilo que esté por todas partes) en cualquier momento del año en tu lugar de origen o donde vivas (aunque sin abusar, que hay que intentar ser más sostenible en los viajes pero también en casa, y como verás, de momento, este tipo de restaurantes de comida rápida no son precisamente los que más nos ayudan a serlo).

Cuando viajamos es mucho mejor optar por la comida local en restaurantes locales, para conocer la gastronomía y la cultura del lugar, pero también para ser un viajero más sostenible y más comprometido con ese destino que hemos ido a conocer. 

Piensa en la cantidad de desechos que generas cuando comes en un restaurante tradicional y compáralo con los que produces al comer en los típicos lugares de comida rápida o para llevar, donde nos ponen: un recipiente para cada elemento de la comida (guarnición, ensalada, picoteo, plato principal, bebida...), cada salsa y aliño en una bolsa de plásico individual, servilletas a puñados, pajitas, más bolsas de plástico o papel para transportar la comida... 

No es que al comer en un restaurante al uso no vayamos a generar ningún residuo, pero es que la diferencia es brutal.

Solo con que te sirvan la bebida en un vaso que no sea de un solo uso y sin pajita, que los aliños estén en una aceitera o similar y que la comida te la sirvan en un plato, ya estamos reduciendo mogollón la cantidad de basura generada por comensal.

Si eres un poco tiquismiquis con la comida, infórmate antes de viajar de todo lo que ofrece la gastronomía del país, porque seguro que hay muchas cosas que se ajustan a tus gustos. Y si lo llevas mirado de antemano tendrás menos reparos a la hora de probar cosas nuevas.

Si más bien lo que te ocurre es que te da pereza buscar sitios para comer cuando estás de viaje o eres de los que le entra hambre y quiere comer ya de ya (que es cuando siempre aparece la gigantesca M amarilla como por arte de magia), míratelo también de antemano.

Llévate a tu viaje una selección de sitios para comer en la zona por donde te vayas a mover y así no tendrás ni que pensar mucho, ni dudarás a la hora de elegir dónde comer.

Encontrarás muchísimas recomendaciones sobre qué y dónde comer en innumerables destinos en este blog y muchos otros blogs de viajes, en guías como la Lonely Planet, en las webs oficiales de Turismo, en foros de viajeros... Con sentarte un ratito a buscar en el señor Google seguro que encuentras muchas opciones que te serán de utilidad.

5. Y si puedes, no te limites a los restaurantes de las zonas turísticas

Todavía me queda algo más que añadir sobre eso de comer local, y es que no te limites a los restaurantes de las zonas turísticas ni a un único restaurante durante todo tu viaje.

Los restaurantes con locales más céntricos y en zonas candentes de turismo suelen ser los más accesibles a los viajeros, los que pillan más a mano mientras se exploran los puntos más turísticos. No obstante, por lo general también son los que mejor caja hacen (o por lo menos los que parten con ventaja para hacerlo), aunque no necesariamente son siempre los de más calidad y/o con mejores precios.

Ya que esos restaurantes suelen tener más afluencia por su ubicación, ¿por qué no buscar restaurantes locales más escondidos, menos conocidos o más modestos y comer también en ellos?

En muchos destinos de esa manera también se encuentran mejores precios y comida «más local», ya que a veces (no siempre) los restaurantes en zonas turísticas ajustan sus menús a las preferencias de los turistas y son menos fieles a la auténtica gastronomía del país.

Para mí es una forma más justa de distribuir mi dinero. Siento que comiendo en diferentes lugares durante un viaje reparto mi gasto entre diferentes personas y negocios, no contribuyo solo con los que más fácil lo tienen (por su ubicación o su fama) y, además, creo que me permite hacerme una imagen más completa y real de la gastronomía y la cultura del país.

6. No hay turismo sostenible si no cuidamos el patrimonio histórico

La verdad que a estas alturas no tendría ni que decirlo, pero sigue siendo necesario. No podemos considerarnos viajeros sostenibles aunque usemos una botella de agua reutilizable, consumamos productos de cercanía o comamos en restaurantes locales, si no somos capaces de cuidar y respetar el patrimonio histórico.

El consumo que hacemos (restaurantes, compras, transportes, tours...) y el propio hecho de viajar hasta una determinada ciudad, casi siempre está incentivado por el patrimonio de ese lugar, lo que alberga, lo que ofrece y lo que atrae a los viajeros.

Si hacemos todo lo anterior pero luego destrozamos el patrimonio histórico rascando o rayando las paredes de un monumento para poner «Pepito estuvo aquí», subiéndonos a sitios que pueden dañarlo para conseguir hacernos la mejor foto para Instagram o saltándonos cualquier prohibición que haya, estaremos clavando una estaca en el corazón de ese destino.

Sí, porque estaremos contribuyendo a dañar algo que forma parte de su historia y que, además, contribuye de manera directa e indirecta a mover la economía del lugar. El patrimonio es, en muchos casos y en términos turísticos, el eslabón del que parten todos los demás componentes de la cadena. Si se pierde ese eslabón, ¿porqué iban a visitar la ciudad los viajeros?

Vale, me estoy poniendo tremendista y simplista a la vez porque no todo el turismo se debe al patrimonio; pero es que quiero resaltar lo incongruente que resulta reciclar o utilizar una botella reutilizable para el agua por querer ser más sostenible y, al mismo tiempo, destrozar intencionadamente algo tan importante como el patrimonio histórico de un destino. 

Si realmente quieres hacer turismo sostenible (por favor) no estropees ni maltrates el patrimonio histórico (ni ningún otro tipo de patrimonio, en realidad).

7. Y cuida también la cultura y la vida local 

Al hilo de lo anterior cabe resaltar algo que a veces es más fácil pasar por alto, el respeto a la cultura y la vida de la gente del lugar.

Alguien con dos dedos de frente no rayaría las paredes de la Alhambra de Granada, por que es obvio (o debería serlo) que no es sitio para dejar una firma. Sin embargo, puede que paseando por el Albaicín se cruce con alguna propiedad privada de esas que tienen un Carmen precioso y de lo más instagrammeable y se cuele para hacerse la foto de rigor.

Ese tipo de actitudes tampoco son las adecuadas si queremos viajar de forma sostenible, porque respetar la vida de la gente del lugar también es una tarea indispensable para ello.

Hay que pensar un poco que en esas ciudades que visitamos nosotros «estamos de prestado». La gente que vive ahí nos acoge para que conozcamos las maravillas de su ciudad, a pesar de las molestias que podamos causar.

Nuestro deber como viajeros responsables es precisamente reducir al máximo esas molestias y en ningún caso hacer cosas como colarnos o encaramarnos en una propiedad privada. 

Además, en lugares culturalmente muy diferentes también debemos respetar las costumbres locales. Descalzarse para entrar a un templo, aceptar algo que te ofrecen de bienvenida porque está mal visto rechazarlo, respetar la prohibición de acceso a un lugar sagrado, evitar gestos que son tabú... son cosas que podemos encontrarnos en muchos destinos internacionales y que, si de verdad se está comprometido con una mejor forma de viajar, deberíamos respetar independientemente de lo que opinemos de ello.

Avasallar, molestar y perturbar la vida local y ser irrespetuoso con las tradiciones, creencias y costumbres solo lleva a que la gente local termine aborreciendo el turismo, así que no olvides poner tu granito de arena para que eso no ocurra y los viajeros sigan siendo bienvenidos.

8. Evita contribuir al turismo de masas 

Una de las cosas que más perturba la vida de la gente local en destinos con mucho turismo es la masificación.

Las hordas de turistas generan embotellamientos, más suciedad, más ruido y, en definitiva, pueden llegar a transformar por completo la vida cotidiana de un pueblo o una ciudad.

Cierto es que eso no es culpa de una única persona o turista, sino de un gran número de ellas que coinciden sin premeditarlo. De hecho, muchas veces somos nosotros mismos, los turistas o viajeros, los que echamos pestes por encontrarnos algún lugar tan saturado que ni podemos disfrutar de él en condiciones (imagínate lidiar con ello todos los días o varios meses seguidos al año).

Aunque no siempre o no en todos los lugares lo podremos evitar al 100%, en realidad sí tenemos la capacidad de no contribuir o disminuir nuestra contribución al turismo de masas en muchas ocasiones.

Viajar fuera de temporada alta, no hacer las rutas típicas que hace todo el mundo o al menos no hacerlas en las horas de mayor afluencia; visitar destinos o lugares de gran interés pero poco turísticos porque no son tan famosos, o viajar en grupos reducidos en lugar de en autobuses con grupos de 50 personas que van a los mismos sitios al mismo tiempo; serían algunas de las formas de evitar o reducir la masificación.

9. Utiliza el transporte público para moverte por el destino 

Utilizar el transporte público es un 4x1 en lo que a viajar de forma más sostenible se refiere, ya que estaremos beneficiando al destino y al planeta de varias maneras.

Por un lado estaremos reduciendo el uso de combustible con lo que, a su vez, generaremos menos polución que si fuésemos con nuestro propio coche. Son muchas las ciudades que tienen problemas con la contaminación del aire, así que no contribuir a que la calidad del mismo empeore es un gran gesto, además de con el planeta, con la gente que tiene que respirar a diario el aire de esa ciudad.

Por otro lado, viajando en transporte público saturaremos menos las carreteras, con lo disminuiremos las molestias que el exceso de tráfico le podría causar a la gente local en su vida cotidiana.

Además, el exceso de tráfico también genera una mayor contaminación acústica y, sin duda, propicia un ambiente de mayor estrés y mal rollito. Así que dejándonos el coche atrás y optando por el transporte público cuando no podamos desplazarnos a pie, no contribuiremos a esas cosas que no gustan ni a la gente local ni a los visitantes temporales.

Por último, al movernos en transporte público también estaremos contribuyendo con nuestro dinero al mantenimiento de ese transporte, un beneficio que revierte en la gente local y en el desarrollo de la ciudad.

10. En grandes desplazamientos, usa transporte público o viaja en grupo

El uso de transporte público no tiene porqué limitarse al interior de las ciudades; también podemos echar mano de él para hacer desplazamientos largos entre ciudades.

No obstante, es cierto que no todas las ciudades tienen buenas conexiones de larga distancia ni todos los lugares de interés están bien conectados por servicios de transporte público. En esos casos una alternativa para seguir esforzándonos en ser viajeros sostenibles es viajar en grupo.

Ya sea con un viaje organizado en grupo reducido o por tu cuenta organizándote con los familiares o amigos que te acompañen en ese viaje, lo importante en estos casos es compartir transporte y minimizar todo lo posible el número de coches a utilizar.

A veces, tanto para desplazamientos largos como para visitar lugares de interés concretos dentro o en las proximidades de una ciudad, también puedes optar por transportes privados en grupo.

Ya sea mediante agencias de viajes, excursiones o empresas de transporte de viajeros, puedes contratar desplazamientos en minivans, microbuses o furgonetas para llegar a esos lugares para los que no existe transporte público. Esto te puede resultar especialmente práctico si, por ejemplo, viajas solo y no puedes o no quieres compartir todo tu viaje con desconocidos.

Fíjate que me he referido en concreto a minivans, microbuses o furgonetas. Esto es porque, en el caso de las excursiones o visitas a lugares turísticos, te desaconsejaría contratar el transporte en un autobús de 30, 40 o 50 plazas. 

Estarías disminuyendo el uso de coches, pero a su vez estarías contribuyendo a la masificación de ese lugar que vas a visitar, ya que llegarás a él al mismo tiempo y en tropel con medio centenar de personas (más todas las que lleguen allí por otras vías y coincidan en el mismo momento). 

Para intentar disminuir el efecto marabunta de turistas es conveniente distribuir en el tiempo y el espacio a todos esos visitantes, y es más fácil conseguirlo con grupos más reducidos no solo en los viajes organizados y las excursiones guiadas, sino también en los transportes que llevan a los viajeros hasta los enclaves turísticos y los sueltan y recogen a todos al mismo tiempo.

Si es un desplazamiento para ir a un aeropuerto, a otra ciudad o cosas así, claro que te aconsejaría coger un autobús aunque sea de los grandotes, ya que el propósito no es el mismo. 

11. Utiliza el agua y la energía como la utilizarías en casa 

A veces cuando estamos en un hotel u otro alojamiento turístico descuidamos, con o sin intención, el uso que hacemos del agua y de la energía.

Parece que como hemos pagado por una habitación de hotel y los servicios correspondientes, tenemos que aprovechar para darnos la ducha larga de la historia o, de nuevo, «como está pagado», podemos dejar luces encendidas así porque sí o poner el aire acondicionado en nivel Siberia en verano y la calefacción a temperatura horno de leña en invierno. 

La realidad es que el agua que gastamos y la energía que consumimos no deja de tener un efecto negativo, y, si de verdad queremos apostar por un turismo sostenible, haber pagado una noche de hotel no justifica ningún derroche.

Lo lógico sería utilizar lo que necesitamos, tal y como quiero pensar que la mayoría hacemos en casa (ya sea por consciencia o para evitar que se nos vayan de las manos las facturas de luz y agua).

No dejes que los falsos «como es gratis» o «como lo he pagado» se interpongan en tu camino hacia un turismo más sostenible. Son mentiras que nos contamos para no sentirnos mal cuando, en el fondo, sabemos que estamos siendo egoístas o irresponsables. 

Nadie dijo que intentar ser más sostenible, en la vida diaria y en los viajes, fuera fácil. De hecho, requiere compromiso y sacrificio, te tocará ser menos egoísta y muchas veces tendrás que calentarte más la cabeza; pero merece la pena, porque el agua es finita, solo tenemos un planeta y queremos seguir viajando, de la mejor manera posible, para poder explorar ciudades fantásticas y lugares maravillosos.

Espero que estas 11 estrategias te ayuden a poner en práctica el turismo sostenible en los destinos urbanos que visites. Recuerda que lo mejor es encontrar un equilibrio en el que podamos disfrutar teniendo el menor impacto negativo posible. 

Y no olvides que nadie nace sabiendo; esto es un aprendizaje continuo y no hay que fustigarse si en el pasado se ha hecho algo mal o si de vez en cuando metemos la pata. Lo importante es ser consciente y esforzarnos siempre que podamos en ser mejores viajeros. 

Si se te ocurren otras estrategias para apostar por el turismo sostenible en destinos urbanos, ¿las compartes conmigo y con todos los lectores del blog en los comentarios? ¡Esa es la mejor manera de avanzar! Aprendiendo unos de otros, ¿verdad?

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